OS COMUNICO QUE A PARTIR DE ESTE MOMENTO LA NUEVA DIRECCIÓN DEL BLOG SERÁ

 HTTPS://WWW.NOMECREOCASINADA.WORDPRESS.COM FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO

 

 

AUNQUE ESTO PUEDA PARECER UNA PEROGRULLADA, DE HECHO HACE TIEMPO QUE NO ERA ESTA Y AL REALIZAR CAMBIOS VEREIS QUE CON ESTA DIRECCIÓN OS APARECE UNA NUEVA CONFIGURACION DEL BLOG SIN LAS ENTRADAS ANTIGUAS. PARA ACCEDER A LO QUE HA SIDO HASTA AHORA EL BLOG TENEIS UN ENLACE EN EL NUEVO “FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO”. PARA SEGUIR RECIBIENDO LOS POST POR CORREO DEBEREIS ENTRAR EN EL BLOG Y VOLVER A CLICAR EL BOTÓN RESERVADO A TAL EFECTO. SIENTO LAS MOLESTIAS, PERO  A MENUDO LA MEJORA IMPLICA ALGUNA SACUDIDA QUE OTRA.

LA INTENCIÓN ES CLARIFICAR EL TIPO DE ESCRITOS QUE ACOSTUMBRO A DESARROLLAR Y LO QUE EL LECTOR PUEDE ENCONTRAR, A LA VEZ QUE ESTIMULAR Y DAR UN NUEVO IMPULSO QUE IRÁ INCORPORANDO NOVEDADES.

GRACIAS POR VUESTRA FIDELIDAD Y ESPERO SEGUIR METAFÍSICAMENTE EN CONTACTO.

 

 

 

La sociedad de la saturación

SÉ QUE ESTOY FALTANDO A MI PALABRA. SOLO UN PEQUEÑO PARÉNTESIS EN MIS VACACIONES PARA DEJAR RASTRO SOBRE UNA CUESTIÓN QUE ME RONDA Y QUE TENDRÁ SU PROLONGACIÓN EN SETIEMBRE. DONDE HABRA NUEVO DISEÑO DE BLOG PERO MISMA DIRECCIÓN Y DOMINIO. HASTA ENTONCES.

Saturados de maldad e incapaces ya, de metabolizar la propia y la ajena, el humano del S.XXI convulsiona y vomita ante la posibilidad de reconocerse en algún artefacto artístico como Lucifer; Temiendo que el arte disponga, por naturaleza, de una función especular, no soporta re-conocerse, porque se conoce. Sabe del dolor, la maldad, el salvajismo que delata en parte la calaña de su especie, y por ende su imposibilidad de cambiar. Ha decidido no mirar, no ver, tender su ser hacia los que pregonan el positivismo frívolo y superficial del buen vivir, de los que versionan el canto de las sirenas para los hombres y mujeres de hoy, con lemas que motivan a una alegría y esperanza huecas, sin sustancia, pero de la que es peligroso moverse y pensar o sentir lo que surge en el interior y no lo que me imponen desde el exterior. Esos gurús de la felicidad, que dicen lo que debemos creer y sentir para ser feliz, son el último suspiro a los que el hombre se apega para seguir respirando sin  oxígenos artificial.

Por todo esto, la época que vivimos dice no, a la filosofía –a la que tiene sus raíces en los presocráticos y da lugar al pensamiento occidental, con todo lo que conlleva- no, a la introspección; no, a la búsqueda de lo auténtico; sí, a matar el dolor y el sufrimiento –aunque siga ahí reprimido- sí, a creer que en un humano puede considerarse feliz en un mundo deshumanizado como el nuestro.

Y sumemos a esto, la negación de todo aquello que me incomoda o me altera –me apaga el canto de las sirenas- neguemos lo negativo, sin comprobar qué dosis de verdad contiene. Lancemos un grito ensordecedor de alegría porque es la única manera de vivir.

Así, ya no vivimos solo en un mundo líquido, o híper-moderno o post-humano, o todos y cada uno de los conceptos que se han usado para describir el tipo de sociedad que surge tras la segunda guerra mundial y, yendo más allá, diríamos tras la victoria del neoliberalismo como pensamiento único. Nos hallamos en una sociedad líquida –donde nada es plenamente y todo fluctúa con la facilidad de un líquido- post-humana –porque incluso los derechos humanos han perdido validez, y ya no es lo humano el criterio último y límite de valoración, y saturada como consecuencia de la insustancialidad y la inmoralidad anteriores. Esa saturación es mental y moral, porque ya no  podemos reconocernos en esa inmoralidad, nuestra mente niega lo que somos.

Así ningún producto literario o estético que emane o sea testigo de la realidad en que vivimos tendrá eco en la sociedad actual. Será denostado, ninguneado, escondido, y acusado de negativismo, como si solo se mostrara una parcela del mundo. La otra, claro está, es nada más y menos que el mundo de los gurús de la felicidad, con el canto de las sirenas de fondo. (Autoayuda, coaching,…)

Esta huida hacia delante, tan solo puede ser un temblor temporal. Los lenitivos, al no tener sustancialidad pierden pronto su eficacia y el desencanto desenmascara la trampa que constituían. Ese será pues el momento en que la saturación, junto con el desencanto delas falses huidas provoquen una reacción en los humanos que esté a la altura de las circunstancias. Esta es la única esperanza posible; si no lo es, afrontemos la absoluta desesperanza con la fortaleza que implica aceptar el vacío el sin sentido, sabiendo que nada nos obliga a ser salvajes.

Hasta setiembre

La vacuidad por el  esfuerzo exigido reclama un período de nutrición, silencio, reflexión y descanso. Es un gesto de fidelidad propia, de espolvorear lo que se adhiere sin voluntad, sin consentimiento.

Han sido cinco años intensos de llenar de un determinado contenido este blog. Un acto inocuo de rebeldía tardía, contra el hecho mismo de existir, y lo que conllevan sus determinaciones.

Por eso me tomaré un verano de aquellos que recuerdo en mi infancia infinitos, desasosegantes: tres meses que seguro tendrán un efecto inversamente proporcional al que tenían siendo infante, es lo que tiene crecer. Volveré pues en setiembre.

Gracias a los que visitáis este desván virtual. Seguro que de las más de mil entradas –desde el año 2011- hay muchas que desconocéis. Es una oportunidad de ojear los cacharros viejos.

En cualquier caso, buen verano y hasta setiembre si os parece.

Apatía

La apatía puede ser un estado de auténtico no padecer, no sentir por desprendimiento en un sentido estoico, o puede ser el resultado de un postizo estado de indiferencia gestado como mecanismo de defensa.

Si es posible la primera forma de apatía o no, sería susceptible de un análisis riguroso, por cuanto si aceptamos que alguien no padece, ni siente por su autocontrol deberíamos entender que tampoco disfruta –la felicidad es para Zenón ese estado de apatía- y en consecuencia cuestionarnos de qué tipo de humano estamos hablando.

Por el contrario, entiendo la apatía como una reacción al dolor continuado y agudo, como una defensa hondamente humana, cuya resistencia se reseca a base de sufrir e incapaz de  más, resta hierática y de piedra, resta inerte mientras vive, esperando la muerte real.

Caducando

Uno puede sentirse caduco al percibir como el entorno se evapora lentamente a su alrededor, aturdido de un exceso de cansancio vital, ese que solo sustentan algunos sin azorarse.

Cuestionarse si la vehemencia ninguneaba la sensibilidad de los otros, quizás al abismo, o al tedio, y replantearse en consecuencia tanta honestidad.

Caducarse a sí mismo para no ser viral, dejando espacio a más esperanza y menos veracidad.

Red social o red mental

Una red puede ser un entramado de conexiones que estimule e intensifique la comunicación entre los distintos elementos unidos. A su vez, puede ser un conjunto de mallas, más o menos entrecruzadas,  que envuelvan un elemento y que según vayan espesándose hagan más dificultoso  desenredarse. Curiosamente, la red social por no ser literalmente ni una, ni la otra, pueden ser ambas.

Veamos; las redes  pueden conectar y comunicar a un individuo con un número indefinido de ellos. Estas conexiones se realizan de forma rápida, inmediata, unidos a menudo por un fin común, un interés parejo,…lo que provoca una fluidez y espontaneidad intensas, hasta el punto que la sensación de intimar puede confundir la naturaleza de la relación que se crea. Hay quien considera que se crean vínculos más rápidos y veraces que en la realidad, que virtualmente es más fácil. Personalmente, creo que es más riguroso denominar a esto, que parece un vínculo, una conexión fugaz, que por intensa y veraz que se nos antoje no compromete, porque nos ampara un relativo anonimato, el parapeto de la máquina, y el poder de dominar quién presento que soy. Nos podemos sentir cómodos durante la conexión, pero sin garantía de continuidad, ni compromiso. Evidentemente, siempre hay excepciones y cuando una relación pasa al plano de lo real, diremos que la naturaleza de la relación está cambiando. Aquí hablamos de contactos exclusivamente virtuales, que pueden producir una sensación emocional absolutamente falaz.

Por otra parte, el ordenador puede acabar convirtiéndose en una prolongación de nuestro yo, y sentirnos menos capaces de relacionarnos en la vida cotidiana que en lo virtual. Podemos llegar incluso a ordenar el día esperando el momento de conectarnos, como si fuera el momento más auténtico y satisfactorio de nuestra vida. Un momento virtual, en el que puedo controlar con relativa facilidad quien soy ante los otros, distinto seguramente del que soy en realidad. Así, las redes sociales que como comunidad política y social tienen innumerables ventajas, en las que ahora no entraré, pueden resultar un riesgo por su abuso y confusión a nivel personal. No estoy hablando de adolescentes –que sería otro tema con enjundia- hablo de adultos que cubren sus necesidades y sortean sus dificultades de forma obsesiva llegando a puntos peligrosos para su propio bienestar. Se convierte así la metafórica red social, en una red mental que enjaula, esclaviza y distorsiona la personalidad e identidad del individuo que tan solo creía estar conectado.