Crítica a “La sociedad del cansancio”

Hace días me topé con la contraportada de un pequeño ensayo –del que ya tenía noticia- que despertó mi curiosidad y, por qué no reconocerlo, fascinación. El fragmento rezaba así “La depresión,  el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el trastorno límite de personalidad o el síndrome de desgaste ocupacional definen el panorama de comienzos de este siglo. Estas enfermedades no son infecciones, sino estados patológicos que siguen a su vez una dialéctica, pero no una dialéctica de la negatividad, sino de la positividad, hasta el punto de que cabría atribuirles un exceso de esta última.” Es decir, Byung-Chul Han afirmaba que una serie de patologías mentales tenían su explicación desde lo que él denominaba la dialéctica de la positividad, que intuía, por la introducción que precedía al fragmento citado, era una determinada dinámica social nueva y contrapuesta a la anterior calificada de negativa. La posibilidad de dar cuenta en  especial de un trastorno tan complejo como el trastorno límite, no desde las dinámicas intrapsíquicas, genéticas o del influjo del entorno inmediato del individuo, sino de las dinámicas socio-culturales en general me pareció un reto casi inasumible. Pero  al coronar el ensayo con el título “la sociedad del cansancio” pensé que, tal vez sí, el filósofo coreano, asentado en Berlín, había sido capaz de aprehender algo de lo que es arrastrar una enfermedad mental. Así, pues, me dejé seducir y adquirí el librito deseosa de zambullirme en los misterios de semejante hazaña.

Chul-Han parte del supuesto de que cada época tiene sus enfermedades emblemáticas y las del S.XXI son las patologías neuronales. Estas responden asimismo a un paradigma social y cultural que el autor designa como dialéctica de lo positivo, en oposición al paradigma de la dialéctica de lo negativo  que daba cuenta de la época inmunológica. El S.XXI es un sistema dominado por lo idéntico, en el sentido que no hay oposición, todo es absorbido y todo tiene cabida, es una sociedad de la permisividad y de la pacificación y lo que se produce es un exceso, una sobreabundancia, en tanto que nada es negado ni expulsado. “la violencia neuronal que da lugar a infartos psíquicos consiste en un terror de la inmanencia”, asegura Chul Han. Así, esta positividad genera violencia resultante de la superproducción , el superrendimiento o la supercomunicación  porque produce agotamiento, fatiga, asfixia. Más aún cuando a esta dinámica de la positividad le sigue progresivamente un imperativo no disciplinario –como en la sociedad de la negatividad- sino una normatividad del rendimiento, en el sentido de poder, tener capacidad. Es decir, lo normal es poder, tener la posibilidad de rendir y ser el máximo de eficaz. Desde esta perspectiva entendemos, según la exposición que va desarrollando el autor, que la sociedad del rendimiento dé como resultado individuos fracasados y deprimidos ya que aquellos que no pueden asumir el patrón de normalidad-ideal se hunden en la miseria de su incapacidad. También desde esta perspectiva podría justificarse el síndrome de desgaste ocupacional en tanto que el esfuerzo del individuo por “dar la talla” del máximo rendimiento y la máxima eficacia, en ocasiones, nunca parece suficiente. En correspondencia con esta vorágine la sociedad se convierte en un flujo excesivo de información y comunicación que exige del individuo una capacidad de hiperatención y que sobreestimula sus sensores. No es de extrañar pues que se originen otra de las patologías neuronales mencionadas por Chul Han como es el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Se produce, además, uno de los retrocesos más significativos en la cultura occidental: la incapacidad de sostener el aburrimiento, el hastío y por ende la carencia de interioridad y desarrollo de la propia creatividad.

Hasta aquí, y ya me disculpará Byung-Chul hang, con un lenguaje más caótico y  profano ya ha llegado el sentido común de la mayoría de neófitos en este tipo de reflexiones. Y lo considero así, cuando de forma espontánea formulan que el estrés que llevamos todos hoy en día es insoportable y acabaremos locos, o cuando se lamentan de que los niños no pueden centrarse porque tienen demasiadas cosas que llaman su atención y van como mariposas de un lado a otro, o cuando no entienden el porqué sus hijos no se pueden aburrir si ellos se aburrían como ostras y a nadie le preocupaba. Me temo que cuando el sentido común clama a gritos algo la reflexión filosófica ya está caducada.

No obstante, mi mayor crítica al ensayo que nos ocupa es que en ningún momento trasciende el sentido común y da cuenta explícita de aquello que motivó por mi parte la adquisición del librito: ¿Cómo puede ser explicado desde un paradigma sociocultural el origen del trastorno límite de la personalidad? Obviamente debe ser que no se puede,  porque el autor no hace ninguna mención –y menos un análisis- explícita al mencionado trastorno en toda la obra. A esto yo lo denomino suavemente publicidad engañosa y, siendo algo más rigurosa, estafa. Me parece algo denigrante para la filosofía hoy, que un señor pueda convertir en betseller – a lo Belén Esteban- un ensayo que no trasciende las reflexiones que muchos ciudadanos hacen desde el sentido común, y enganche a otros compañeros de profesión en base a una supuesta reflexión fantasma que sin pudor anuncia en la contraportada. Considero que los únicos capítulos estimulantes son aquellos en los que hace referencia al relato de Melville ”Bartleby” y en el que se recrea en el “Ensayo sobre el cansancio” de Handke, mérito de la entidad de los propios escritos referidos.

Quede como testimonio mi rechazo contra la publicación de panfletos filosóficos que denigran la filosofía en un momento  en que muchos, creo, intentamos reubicarla ante el intento de extinción de las humanidades en general. Así, compañero Byung-Chul Han venderá libros pero tal vez con ellos su alma al diablo.

3 comentarios en “Crítica a “La sociedad del cansancio”

  1. Se equivocan poco los que dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos y que, a pesar de su nombre, merece ser considerado como algo fuera de lo común. El humilde ‘apellido’ de este sentido le ha granjeado el menosprecio de supuestos ‘grandes’ pensadores, a la par que del conjunto general de la sociedad, y así se ha llegado a su condición presente de marginalidad. Es de agradecer, por tanto, que alguien -se llame Byung o se llame como se llame- tenga el coraje de recuperarlo para público beneficio.

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  2. Hola Ana, me parece buena tu critica, yo no he leído el ensayo, me da curiosidad. Soy lectora no especializada en el tema, me gustaría tener otras referencias de filósofos contemporáneos que, a tu juicio, aporten más que el autor que señalas. Gracias

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    • Gracias por tus palabras. Que yo conozca no se ha hecho semejante intento de explicar patologías mentales exclusivamente desde paradigmas sociales.Por eso me llamó la atención que e lautor se atreviera, además con una patología tan compleja como elTLP. Así es que no puedo recomendarte ningún libro porque en concreto de esto no hay.

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