Fingir normalidad

La necesidad de fingir alguien distinto de quien se es, está vinculada a la adaptación al entorno y a la supervivencia. Todos somos ficciones de nosotros mismos, pulidas como piedras a fuerza de hirientes erosiones. Solo cuando la capacidad de ser ficción desfallece, o bien cuando la ficción se convierte en alucinatoria y se desvela nuestro yo; el cubículo reservado es la celda de una prisión, un psiquiátrico, un monasterio de clausura,…

La falsedad es condición necesaria de la normalidad social.

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