Promesas

La ausencia, silenciada y prevista,  siempre se desliza en el alma ajena como una vileza. No  es posible ya el vigor, el aliento o el empuje, porque quebrado el vínculo  no resta  esperanza alguna.

La palabra dada es más que un símbolo, es la encarnación de lo que escasamente puede ser sentido, para otorgarle la consistencia de una promesa inquebrantable.

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