Nada justifica ni lo moral,ni lo inmoral

Hoy,  que debiéramos temblar ante el desgarro de los despreciados, seguimos como sordos al clamor, quizás silenciado, de aquellos que no otean ni el camino.

¿Qué nos ha pasado? ¿Nos cegaron los ojos, o más bien espabilaron nuestra vista? Probamos el elixir de los que ganan-y de ello se jactan-, y a fin de cuentas, ¿qué ganamos con ser los perdedores de la historia? ¿Compasión, adeptos futuros, empatía? No hay razón externa que justifique la honestidad, ni la honradez humanas. Ciertamente, seamos valientes y admitamos que todo está permitido. Aun así, mi conciencia siempre decidirá lo que será salvífico para mí, es la única libertad que nos resta.

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