La antagonía humana: el mal

¿De dónde brota ese placer que nos produce ejercer la violencia sobre otros para obtener de su tortura miedo y dolor? ¿Es un gen maldito o el mal incorporado? ¡Qué naturaleza más antagónica la humana! Capaces del sadismo insoportable para unos y del altruismo insostenible para otros. Y grises en el círculo cromático que nos representa, mucho gris. Podemos ser sádicos con una sonrisa irónica ante el llanto ajeno, hasta perforar su capacidad de sentir y altruistas con gestos casi invisibles que refuercen en otro sus ganas de vivir.

Qué ser más atroz el sádico y qué vulnerable la víctima que a base de desprecio y violencia tal vez devino sádica. Qué terrible y homólogo destino.

Si el mal yace en el origen se reproduce y expande. Si no está en el origen, puedes o no encontrarte con él. Si te encuentras con él, el mal se expande y se reproduce. Si no te encuentras con él, no hay mal, ¿pero puedes vivir en este mundo sin encontrarte con el mal? Luego, haya o no haya mal en el origen, siempre acaba habiendo mal. Es el destino de esta naturaleza antagónica que produce un resultado único y homólogo.

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