Querer es Poder: ocómo se hunde una cultura

Cuando el único límite para la acción es el propio querer el mundo ya no está dominado por la voluntad humana, cuya naturaleza es querer pero no necesariamente poder. Éste viene condicionado por nuestras limitaciones y por aquellas otras de carácter ético que nos autoimpongamos.

La identificación entre querer y poder, sin criterios ni intermediarios, nos lleva al mundo de valores fundamentados en una vida que lucha por imponerse, por dominar, por devorarse en esa autoafirmación. Unos valores nihilistas que llevan a la destrucción, al sin sentido.

Es esta época, la ilustración de la que se nutre una pedagogía tal vez definitiva, dejando que las contradicciones de la propia cultura occidental lleguen a su fin y experimentando qué nos queda.

La súpercultura occidental es la expresión de la falta de todo límite, del virus de la psicopatía mediática, de la sustitución de los dioses por ídolos de papel que acaban sucumbiendo en la soledad de su miseria hastiados del deber ser todo poder.

Las contradicciones, que son hoy más intensas que en cualquier otro momento de la historia, acabaran con el súperhombre occidental que hace años solo busca sosiego.

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