La muerte de la política

Después de unos días de mutismo, impuesto por la falta de medios tecnológico, retomo hoy, no sin cierto esfuerzo, a esta tarea autoimpuesta de escribir diariamente-empezando por este blog-

Pareciera que el blanco del papel digital se extiende como un todo amenazador, pero lo cierto es que me martillean ciertas cuestiones que siendo reiterativas podría sintetizar en una: ¿Cómo podemos cansarnos de la política?

Me explico, aunque a simple vista parezca la consecuencia esperable del tipo de políticos que mayoritariamente nos desesperan, haciendo el esfuerzo de abstraernos de éstos, y recuperando lo que significa etimológicamente política, veremos que es imposible “cansarnos” de ella.

Como sabemos el término política  derivó del término griego “polis” que significaba Ciudad, pero en con  sentido comunitario que no tienen hoy las grandes ciudades para nosotros. Eran entidades autónomas que se autogobernaban y –como una gran comunidad de vecinos- todo ciudadano –salvando ahora la situación de los que no lo eran- estaba directamente implicado en el debate,  la reflexión y el gobierno de la polis. Por eso luego los romanos a la política la llamaron la “cosa pública”. Atendiendo, pues, a lo que verdaderamente es la política, no podemos ser indiferentes a lo que sucede  o se decide en nuestra  comunidad de vecinos, porque si un vecino come y cocina en la escalera porque lo desahucian, eso nos afecta a todos. La pobreza de unos desequilibra la justicia de la polis y por tanto la paz y la tranquilidad. Todos estamos implicados y debemos participaren la construcción y el bien común del Estado.

¿Qué ocurre en realidad cuando hablamos de cansancio político?

Intuyo que ya no existe la política. Que el ciudadano no está cansado de la política o los políticos sino de la absoluta ausencia de una verdadera política y de verdaderos políticos. Aquellos a los que soportamos –con alguna excepción muy excepcional- no son más que sofistas usureros que quieren enriquecerse a costa de lo público, que nunca han sido políticos ni saben que la política es un verdadero arte. Trepan por la enredadera de los partidos, que son las redes que los corruptos han tendido para seleccionar sin mucho esfuerzo a sus compinches.

El ciudadano que sabe que la política murió hace muchísimos años no puede cansarse de ella, como no puede cansarse de la moral, por mucho inmoral que saquee nuestras vidas, o mucho insustancial que pienses que el neoliberalismo es la clave para el bienestar del planeta –seguramente el insustancial tiene un barco para su disfrute los fines de semana-

La cuestión es si frente al hiperpoder del neoliberalismo la política puede renacer como la única vía moral de buscar la justicia.

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