Introversión

La argucia de la introversión tejió una ratonera mental, en la que se centrifugaban como un eterno retorno las mismas ideas, que acababan generando para-ideas.

En momentos de fuerte ebullición emitía un discurso, al margen de quien fuera el receptor, obsesivo, algo inconexo, hasta que el punto de tensión volvía a su actividad mental normalizada, esa monótona y destructiva ratonera de triturar neuronas.

Ojalá alguien se percatara, o el prisionero mental emitiera alguna voz de auxilio que permitiera a alguien la intromisión.

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