La Huida falaz

¿Qué nos resta cuando el contorno de cada cosa pierde su nitidez y la continuidad se impone como el mandato monótono que homologa? No hay disidencia, ni disturbio, ni conflicto. Es la cultura de la fusión o la confusión, del falso relativismo que justifica la indiferencia, de la disolución del yo, para subyugar definitivamente al individuo y transformarlo en un sujeto a la economía neoliberal. Es el fin de toda intimidad, de toda interioridad. El fin de la postmodernidad –que acabaremos añorando- y de la cultura en un sentido clásico.  

Aunque la existencia sea esa línea constante uniformemente acelerada  hacia la oscuridad, siempre habrá una tenia interior aguardando a quien tiene pendiente su condición abisal.  

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