La Sociedad Dual: los eternamente excluidos

La dualidad económica y social de las sociedades occidentales que, profundiza las desigualdades entre ricos y pobres y estrecha al mínimo la existencia de una clase media, no puede vertebrar ya la vida de los ciudadanos entorno a la idea del trabajo. Éste había sido durante siglos una institución social que normalizaba y socializaba la conducta ciudadana, ordenando su vida y facilitando las pautas y los fines que debían priorizarse. Desterrado, el eje que estructuraba la acción social, el riesgo de disconformidad y de conflictividad social crece exponencialmente. ¿Qué hace el poder económico y político, como aparente brazo ejecutor, para evitar estas revueltas? En España la ley mordaza quiere ser una medida de prevención contra estos riesgos indeseables. Aunque, quizás, no han tenido en cuenta que utilizar la sanción económica contra personas que se rebelan porque no tienen nada o poco que perder, puede llegar a ser poco eficaz y provocar una cierta sonrisa irónica.

La historia nos dice que contra esta parte de la población o se acaba ejerciendo una represión salvaje, o ellos consiguen algún cambio que alivie su situación. A pesar de la críticas que desde el minuto uno han recibido los nuevos gobiernos municipales y autonómicos presididos por plataformas de grupos civiles –y aquí los medios de comunicación ya sabemos quién sigue pagándolos- representan la única vía de respiración asistida que puede dar paso al oxígeno necesario para esa parte de la población, que se encuentra sumergida en la pobreza,  y que siempre parecía ser el número de prioridad X.

Al menos ahora empezamos a constatar que hay ciertas prioridades que están cambiando, aunque eso, evidentemente, a los que más tienen los ponga muy nerviosos.

Obviamente la falta endémica de trabajo de la sociedad digitalizada y robótica, nos obliga colectivamente a repensar la sociedad como una agrupación de personas cuyo fin sigue siendo la supervivencia y hoy día, diríamos el bien común –aunque pocos selo crean de verdad- vertebrada entorno a una tarea común y un hacer común, que no puede ser el trabajo remunerado, tal y como se ha concebido hasta ahora. Porque esto condenaría a la exclusión, la marginación y la inutilidad social amillones de personas que no pueden ser expulsados sin opción a nada, simplemente porque no es de humanos. Seguramente aquí la iniciativa social, como en otros muchos aspectos acabará gestando esa nueva manera de entender la vida social.

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