La cosa como se nos presenta

Si tratamos la cuestión en términos lúdicos –que parece menos trascendente- todos somos perdedores ya al nacer. Ganamos la vida, pero sin excepción la perderemos en la partida final. Así que lo que está en juego cuando empieza nuestra racha y comenzamos a vivir, no puede ser la vida misma, cuyo final está ya garantizado. Quizás estemos apostándonos el sentido. Quién es capaz de sostenerla vacía y quién no. ¿Quién gana? ¿El que crea vivir con sentido pero rehúya la muerte como un castigo atroz? ¿Quién viva vacío y espere la muerte como una liberación? ¿Quién anticipe la muerte para detener la partida?

Tal vez aquel que busque qué hacer con su vida mientras la tenga palpitando entre las manos, obviando su certero final. 

No obstante,¿ le resta trascendencia plantearnos la cuestión en un lenguaje menos metafísico? Seguramente mi intento ha sido burdo y torpe, pero debe haber quien posea la virtud de traducir estas cuestiones a través de palabras que nos evoquen un cuento de hadas y nos permitan escucharlo de entrada con más placidez. Ahora bien, cuando ahondemos en el significado de dicho relato y volvamos a toparnos con la cuestión existencial de frente, qué haremos?

No hay elementos lúdicos que puedan amortiguar la crudeza de decidir que hago con esta existencia que para nada he demandado

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