El problema filosófico

Cuando circulas con el coche y te para la policía de tráfico, y tras interrogarte si has consumido alcohol o drogas y tú negar taxativamente tal circunstancia -tu hijo con los ojos absorbiendo la escena- te “invitan” a salir del coche, y el pánico de tu retoño –que quiere proteger a su hermana- le hace incorporarse y preguntarte cual ametralladora: ¿Mamá por qué no te cree?(Bis…) hasta que intento calmarlo le interrumpo y le digo: “porque hay gente que miente”. El resto no viene al caso.

Decía que, cuando te hallas en esas circunstancias, sin pretenderlo, le explicas llanamente a tu hijo el principio racional que rige la ley moral kantiana, por la cual si no respetamos determinados principios y valores, éstos pierden su naturaleza axiológica y absoluta, se vuelven referente relativos, que ya no sirven pues para orientar ni decisión ni acción alguna.

Ahora bien, habrá quien dirá que la verdad seguirá siendo un valor deseable  en sí mismo, por mucho mentiroso que haya. De hecho de eso tenemos experiencia hoy día, el problema es que no conocemos humano que encarne tal virtud o que podamos  creer –son malos tiempos para creer- que la encarna. No obstante, que la verdad sea un valor no simplifica para nada las decisiones, porque  establecer en relación a las acciones, relaciones y emociones humanas cuál es la verdad no es lo mismo que definir una verdad o falsedad respecto de los hechos. Así no es comparable la pregunta que alguien puede formularme en la puerta de mi casa sobre si dispongo de un escurridor de verduras, que si está dentro de mi piso un gitano, al que sé que en cuanto lo detengan lo decapitan –solo por el hecho de ser gitano- Como es obvio, el calibre de los enunciados son muy diferentes por su peso moral. La verdad  o el término verdad , en este último caso, no es el más ajustado para justificar la respuesta que debería darse desde un universalismo kantiano. Quizás porque lo que está en juego desde el punto de vista moral no es el valor de la verdad sino el valor de la vida sea cual sea la raza de las persones.

En ocasiones, no fallan las perspectivas desde las cuales analizamos las cosas, si no las preguntas o lo que creemos que constituye el problema.

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