Escribir desde el silencio interior

Toda forma de escritura exige una voluntad de estar. Los grandes escritores  (entre los que hoy destacaría a Marías, Pombo, Hustvedt, Barnes, Ford, Lodge, Auster, siempre desde mi limitada e ignota perspectiva) podrían darnos largos discursos sobre la cuestión porque son los que saben, al fin y al cabo.  Pero,  por poco que intentes escribir con una cierta asiduidad, entiendes que la nutrición, leer, y la voluntad de sentarte ante el ordenador o el papel, son elementos imprescindibles.

No obstante, desearía destacar un aspecto, según mi criterio, tan importante como los anteriores. A saber, el silencio interno del escritor.

Un silencio de ruidos propios, que permite fluir el eco de todo cuanto el mundo exterior ha reverberado en el inmaculado vacío que debería constituir esa interioridad del escritor cuando se dispone a.

Inmaculado vacío, no es por supuesto una página en blanco. Cada sujeto es, como decía Ortega y Gasset, él y sus circunstancias, pero sí debe predisponer su interior para ser capaz de escuchar el mundo tal y como ha sido experimentado, sin añadidos racionales o incorporados posteriores.

La capacidad de expresar la cosa experimentada, como claramente otra, de la cosa reflexionada, pueden darle al escrito una carga emocional, honda y reflexiva que conecte auténticamente con las cuestiones más relevantes que se plantea el ser humano.

Me viene a la mente, como ejemplo, un hecho acaecido días atrás. Una pareja de 61 años él y 57 ella, integrados en el pueblo en el que vivían, sin problemas aparentes económicos, se suicidan tres matar a su hija disminuida psíquica de 28 años. Las noticias no dan más datos, ni tenemos el  derecho, ni la necesidad de saber más. En relación a la cuestión que aquí nos ocupa, lo que pretendo enfatizar es que un escritor predispuesto, y cuyo silencio interior prevalezca,  debe sentir una punzada de dolor al tener noticia del hecho. Porque lo único que puede llegarnos de tan escasa información es la experiencia emocional de desesperación y pánico que debían vivir esos padres, y eso si reverbera en el interior debería convulsionar.

Desde la vorágine vital y el silencio interno de quien tiene la capacidad de retener fragmentos  de la vida entre las palabras, la literatura es una excepcionalidad muy poco humana.

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