Tanto para Nada

Mientras transcurre inevitablemente el tiempo –esa sucesión del acaecer- y la melodía continúa amarga y cansina, es que el hombre no cesó de preguntar ahogado en la angustia, pero no avanzó más que nada, en su respuestas: ni por su acción, ni por su razón, ni por su compasión.

Somos seres centrifugados en la mediocridad de nuestra miseria.

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