El sueño de Morfeo

Morfeo se alió con las altas temperaturas para que mostrásemos ese zombi que todos llevamos dentro. Y cuando el orgasmo onírico estaba en pleno clímax todo fue sucediendo como estaba previsto.

Al despertar, cuando Morfeo nos liberó discretamente de su presencia, ya nada era exactamente igual, porque lo implícito se había explicitado ostensiblemente y además legalizado. Ya no quedaba margen para levantarla voz, nos habíamos dejado seducir –no por cantos de sirena- sino por morfina de zombis para apaciguara el dolor.

El hombre huye, a través de su consciencia o, porque idealiza lo otro o porque la pierde para desdibujar lo otro.

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