No hay escritor sin lector

Quien escribe para sí mismo tiene un diario personal,  quien escribe, además, para que otros participen de sus pesquisas se pierde en la red con una página o un blog, o los menos publican libros.

Sea como sea, el escritor necesita de la presencia de un otro que desde su silencio –o no- legitime ese esfuerzo cotidiano de metabolizar el  interior del que por la palabra expresa y dice, pero no mal actúa.

Aquel que escribe no solo para sí, se metamorfosea en cada escrito al negar el Leviatán que subyace bajo su aspecto más social y benigno.

El escritor pudiera ser una especie de animal en  bruto reconvertido gracias al lenguaje y al uso social que anhela hacer de él. Sin el lector, el proceso revertiría y aunque las palabras quedaran como grafitis en la red o el papel, quien escribió volvería a su estado primario.

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