Derecho a la mediocridad

Quien no puede consigo mismo solo le queda rendirse y diluirse en el acontecer, por si algún exabrupto lo expulsara, por ser de naturaleza sobrante,  y en ese rechazo encontrara su fortaleza para ser lo que es: un ser tembloroso, alicaído y contradictorio pero que merece ser.

Un comentario en “Derecho a la mediocridad

  1. […] Pero sucedió que el Principito, habiendo atravesado arenas, rocas y nieves, descubrió finalmente un camino.
    Y los caminos llevan siempre a la morada de los hombres. -¡Buenos días! -dijo. Era un jardín cuajado de rosas.
    -¡Buenos días! -dijeran las rosas. El Principito las miró. ¡Todas se parecían tanto a su flor! -¿Quiénes son ustedes? -les preguntó estupefacto.
    -Somos las rosas -respondieron éstas.
    -¡Ah! -exclamó el Principito.
    Y se sintió muy desgraciado. Su flor le había dicho que era la única de su especie en todo el universo. ¡Y ahora tenía ante sus ojos más de cinco mil. Todas semejantes, en un solo jardín!
    Y luego continuó diciéndose: “Me creía rico con una flor única y resulta que no tengo más que una rosa ordinaria”. […]
    […] El Principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
    – No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado, ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
    Las rosas se sentían molestas oyendo al Principito, que continuó diciéndoles:
    – Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mi rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin. […]
    ¿Qué de malo hay en querer vivir la vida con lentitud, sin muchos sobresaltos, sin aspiraciones ni grandes ambiciones? La excelencia se ha convertido en el protocolo de lo aparente. Nunca hay nadie que sobre. Tu encanto, querida amiga, es como el de las rosas, que siendo tan hermosas, nunca saben que lo son…

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