Falsas democracias

La homogeneidad, como negación de lo propio, de la unicidad, de la identidad implica eliminar, asimismo, toda necesidad individual, no es otra que in-diferencia.  Cuando la colectividad es el todo y por tanto el uno, no hay alteridad que cuestione otra forma de existencia. El mayor antídoto contra todo tipo de subversión es siempre lijar las asperezas individuales que puedan despuntar diferencias.  Quien cree que ignorarlas lleva al éxito, se olvida de que el desarrollo de las peculiaridades individuales, de las que afloran distintas posibilidades de existencia, no se ahogan en la ignorancia del otro, sino en la imposibilidad de surgir ellas mismas como alteridad.

Las democracias actuales no ignoran las diferencias porque son tolerantes, sino que llevan a la confusión del respeto con la indiferencia, para absorber, sutilmente, los gérmenes de la auténtica diferenciación.

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