Empatía, sin excusas

El otro, aquel que a veces buscamos para parecer humanos dignos y empáticos, no lleva un papelito en la frente anunciando su desdicha. Muchos la llevan con tal dignidad que nos dejarían sin aliento, ni pareceres.

Pero en sus miradas lejanas, nunca fijas, se atisba su discreta huida. Una fuga que los protege de re-confiar, que les advierte de depositar sus ojos en alguien que les tiente a volcar su dolor, para tirarlo al vertedero y no volver, sobrepasado por tanta desdicha junta.

Esos que parecen fuertes y no sufrir, pero que quizás están desgarrados a jirones, pueden trabajar a nuestro lado ,contar los chistes más agudos del desayuno y tener siempre a punto esa ironía que hace de la vida algo menos trascendente.

La empatía, no obstante, es esa habilidad que más allá de lo que se dice o se aparenta, aprehende el sentir profundo del otro traspasando sus defensas.

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