El pecado básico

“Si el suicidio está permitido, entonces todo está permitido” suponía Wittgenstein. Según el autor este planteamiento clarificaba la esencia de la ética porque el suicidio era el pecado básico.

Parece por tanto que si la ley moral nos permite arrancarnos la propia vida ¿qué puede legítimamente prohibirnos? Pero, tal vez sería cuestionable el punto de partida del filósofo del lenguaje, y replantearse si la muerte voluntaria es un “pecado” o un derecho, que un humano debería poder ejercer sin juicios condenatorios cuando la vida no es digna para él. ¿No sería en su lugar un “pecado mayor” arrebatarle la vida al prójimo contra su voluntad y debiéramos por tanto considerar, de esta forma, matar el pecado básico y no morir por voluntad propia?

Si Dios ha muerto todo está permitido, escribió Dostoievski, si matar está permitido, todo está permitido, que de forma solapada acontece ante nuestra apatía; será que Dios, si fue alguna vez, murió como anunció Zaratrusta.

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