Mediocres por necesidad

Quien se quedó aguardando, un momento más propicio, para arriesgar lo poco que entendemos de la vida, perdió la lucidez de aprehender lo mucho que ignoramos de ella, por no perder la pequeñez poseída.

Ahora bien, ¿Cómo nombrar, tan siquiera, que hay algo que ignoramos si, de hecho, lo ignoramos? ¿Cómo pensar sin objeto? Sabemos que la Filosofía ha dado abundantes respuestas y contraposiciones a estas cuestiones (solo hay que recorrer su historia de Kant a Heidegger, por ejemplo) Sin embargo, al fin y al cabo, aunque siempre hay respuestas argüidas con una habilidad argumentativa difícil de rebatir, todo se reduce a la arcaica necesidad de sentido.

¡Elevemos el discurso y la capacidad mental hasta donde sea que podamos legitimar su poder!, pero tras ese éxtasis para-racional, siempre residirá la mediocridad de un ente incapaz de contemplar la posibilidad de la nada sin resquebrajarse.

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