Filosofía, realidad y mundo

Lo incompleto del yo, más amplio que puede atisbarse se deriva de la negación intuida de lo que no somos, aún. Intuición, esta, en un sentido laxo, como quien se siente embriagado por un aroma y nota que está ahí, pero no puede más que percibir esa presencia.

La angustia surge cuando algún quien se empecina en zanjar lo incompleto, como solemos resolver las cosas que nos inquietan en este mundo. Y, es que, estamos tan escasos de lenguajes con los que mirar, que no sabemos substraernos de la sintaxis sujeto-centro- que hace –acción-. Por ello situamos el Yo siempre en la centralidad del acontecer y más allá, solo podemos sentir perfumes y aromas extremadamente sugerentes.

Simplificando, nuestra dificultad para pensar qué debe ser lo auténticamente real es en primer lugar un problema de lenguaje, por ello propiamente nunca podremos acceder a la realidad en sí, en caso de que haya tal cosa. Tal vez le cunda más a la filosofía –por desafiantes que sean estas cuestiones- atender, a su vez, otras más mundanamente urgentes.

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