El exceso de mundo

El acontecer se espesa, se atropellan los hechos y una algarabía mental nos paraliza, nos embota. Si no podemos discriminar en la exuberancia no hay posibilidad de ningún ejercicio de racionalidad. Somos en la copiosidad como en la ciega oscuridad: incapaces de identificar los límites de las cosas, confundimos todo y nos fusionamos con todo, por eso acabamos siendo nada.

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