Política y refranes

Dice el refrán el que ríe el último ríe mejor, y el saber popular siempre transmite una parte de verdad basada en la experiencia. Solo cabe preguntarse cuándo es apropiado recurrir a este poso cultural. Me temo que en las grandes cuestiones, si el problema está bien planteado y hay espíritu de resolverlo, el saber de esa tradición oral no tiene cabida, porque los criterios con los que se ha formulado son de constatación de lo que ha ocurrido, no de lo que debería ser.

Un refrán es como el mantra de una madre que en la lejanía te advierte de lo que de facto sucede en el mundo, pero cuando nos enfrentamos a problemas o conflictos relevantes solo podemos encararlos mirando hacia un horizonte cada vez más lejano, que nos permita avanzar en su resolución.

Por tanto, la Sociedad no necesita personajes caricaturescos que no den la talla como políticos, profesores, barrenderos, médicos, albañiles arquitectos…sino profesionales convencidos de que todo problema social tiene a la larga una solución colectiva y que la manera de afrontarla es con la responsabilidad social de cada uno: reivindicando derechos y asumiendo deberes.

Cuando la sociedad se instaura en el conflicto ridículo y permanente entre políticos, sus armes de combate son refranes y la ciudadanía acaba pasando de la indiferencia al combate fervoroso ya que es más divertido (como si de futbol se tratase; difícil hoy en algún contexto saber si el acto es político o deportivo) estamos francamente mal; muy mal. Absolutamente descentrados y desnortados.

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