Memoria

El tiempo oculta bajo su capa polvorienta las cosas, como si no tuviéramos ni voz, ni presencia para decidir. Acaso nos pesa tanto ese cúmulo de partículas en la memoria que vamos saneándola, sin discriminar en el proceso de espolvorear lo que requiere ser expulsado.

Por ello, restamos faltos de yo, añorados, melancólicos. Relatos interrumpidos difíciles de proseguir, cuya continuidad tenemos como un cáliz en las manos.

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