La Navaja de Ockham

Si alguna vez nos cuestionáramos qué hizo el hombre para ser elegido por Dios, solo cabría una respuesta: inventárselo.

Creyendo que daba con la respuesta y el consuelo a su desdicha, no hizo más que llenar el vacío de una falsedad que cobró vida, lo sometió y le grabó la culpa genérica en sus vísceras.

En síntesis, el pavor por el abismo del vacío le sumió en el abismo de la esclavitud, para al final de sus días simplemente dejar de ser, esfumándose en el polvo, en el que todos nos convertiremos.

 

 

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