Locura o suicidio

Entre las brumas de este mar de dudas que sin desearlo somos, no hay tersura posible. Los acontecimientos parecen conglomerados; lo verídico, falaz; lo bueno, malvado; y lo feo es, ahora, de una belleza insospechable. Los profesores roban los exámenes y los alumnos se autoinculpan para salvarles el pellejo; en las guerras ya no hay dos bandos, sino múltiples actores que nunca se sabe qué interés defienden.

En este caos entre virtual y real, en este líquido diluido, no solo le faltan referentes claros al individuo, sino que los recibe con mucha intensidad y simultaneidad de naturaleza contradictoria. Acaso es un nuevo tipo de guerra, no bacteriológica, no nuclear, no tradicional, sino mental. Se trata de que las neuronas se eliminen entre sí, por la fuerza de la inconsistencia de unas con otras. Es un ataque sutil, silencioso, en el que irán cayendo por su propio peso, tal vez en psiquiátricos, quizás como víctimas de su propio suicidio.

El hombre puede tolerar un cierto grado de incongruencia, más allá locura o suicidio.

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