Lenguaje tendencioso

¿Por qué no rompemos el silencio de esta ortodoxia hipócrita y decimos por su nombre, que parece cosido en nuestros labios, a cada cosa? Quizás porque no hay verdad única que pueda ser dicha. Cierto, pero no confundamos. El lenguaje convencionalmente atribuye una palabra a una cosa; si un niño trabaja 14 horas, eso se llama explotación infantil; después podemos ahondar en análisis explicativos que nos trasladen directamente al ámbito de la veracidad o falsedad de intenciones o causas. Pero, si la mera asignación de la palabra a la cosa está tendenciosamente manipulada nunca construiremos un relato fidedigno de lo que acontece.

Por ello, podríamos iniciar una batalla lingüística para devolver a las cosas sus nombre, luchar contra los eufemismos exculpatorios, y decir, nada más que un asesinato no es un efecto colateral, o que un desahucio es echar legalmente a una persona/as de la única vivienda que posee sabiendo que su destino es la calle, haya enfermos, niños o no.

Acaso cuando las cosas sean dichas por su nombre, en su presentación más básica, nadie dudará de que haya que ser una especie de animal diferente para poder soportarse.

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