La pobreza, una forma de tortura

La denominada pobreza energética es uno de los tipos de exclusión social y humillación de las personas más duros que hay –excluyendo obviamente el desahucio- Desde el momento en que a una familia o persona se le niega el derecho a la electricidad, al gas o al agua –no sé si es un suministro que hoy en día puede ser cortado en todos los países-se le está negando la posibilidad de cocinar, disponer de calefacción, de agua caliente, de luz, es decir se están ninguneando sus necesidades como persona y por tanto su dignidad. Este es el juego de nuestro sistema: no tienes dinero, no existes que llevado a sus derivaciones a corto plazo se transforma en el tradicional, pero nunca tan activo, tanto tienes, tanto vales.

Constatado el principio económico inmediato por el que opera nuestra sociedad, cabe preguntarse si este darwinismo económico nos parece el más adecuado para el progreso social. Si no es así, ¿por qué domina, de facto, un principio demoledor que discursivamente pocos tendrían el valor de defender? ¿No será que a la minoría con poder le favorece? Y que como decíamos ayer ¿Somos seres incapaces de manejar nuestra libertad?

La pobreza, que junto con el occidentalismo es lo único que se está globalizando, es una forma crónica de tortura que en sus diferentes manifestaciones va denigrando a la persona hasta hacer de su vida, una muerte deseable.

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