La evolución es ciega y la Naturaleza no es tan sabia

Sabiéndonos heridos de muerte desde la cuna, aceptamos el reto de vivir para entender el porqué de una vida rota. Todo ente existente posee esta determinación, pero no la conciencia –que sepamos- de su presencia demoledora. ¿Es la evolución de la propia materia que al llegar a pensarse a sí misma engendra estos paradójicos engendros, los humanos? Leviatanes que no soportan la autoconciencia, y reaccionan destruyendo por doquier. Seres paradójicos porque siendo solo materia están condenados a tener noción de esa mediocre condición, sostenerla y llevarla dignamente hasta el final de los días. ¿Qué se pide al humano, que quiera ser lo que no puede ser querido? ¿Que al adquirir conciencia de su fatalidad no reaccione como un monstruo desquiciado?

La evolución es ciega, tan ciega, que no detecta los errores que genera.

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