Franco ha muerto 20-N

Nos habíamos dirigido al colegio, a pesar que los rumores de que Franco había fallecido eran más intensos que en otros momentos. Personalmente, con once años, no hacía mucho que había conseguido distinguir la figura del Papa de Roma de la del Generalísimo, ya que por alguna extraña confusión infantil los había identificado como una y la misma persona.

Así, entramos con toda normalidad a las aulas, todas las alumnas, entre cuchicheos, grititos y empujones, vimos entrar a la directora. Tardamos nada en tomar posesión decente de nuestros pupitres. Nos anunció que no tendríamos clase –no sé por cuantos días- porque Franco había muerto, a lo cual respondimos con saltos de alegría y gritos de bien y yupi que la monja intentó contener, ocultando su satisfacción. En el fondo esperaba que nuestra felicidad fuera política, pero era absolutamente infantil.

Después, recuerdo unos días aburridísimos en que casi no te dejaban salir de casa –creo que empecé a enterarme de quién era ese señor que se había ido para no volver- y la televisión emitía hora tras hora  música clásica o miles, millones de persones visitando el féretro del dictador. En algún momento se me ocurrió:¿Mamá, seguro que no emiten las imágenes repetidas para que parezcan más? A lo que mi madre se apresuró a advertirme con una solemnidad que daba miedo que nunca hablara de política fuera de casa. Aunque esa orden la tenía bien asumida, teniendo en cuenta que hasta aquel momento habíamos vivido en Madrid.

Por eso, para mí, como para otras generaciones el franquismo empezó con la muerte de dictador. Nos hicimos conscientes de lo que había vivido el país durante cuarenta años y supimos por qué hubo una guerra civil en España. Éramos por lo tanto una generación que debía luchar por la transición democrática-o eso nos hacía pensar nuestra ingenuidad juvenil- esa que creíamos haber llevado a cabo ejemplarmente y de la que cada vez siento más vergüenza. Y no porque culpe a nadie en concreto, nos falta información que es la estrategia de toda buena dictadura, sino porque nunca debimos renunciar a que los que cometieron excesos no justificados por la guerra pagaran por sus crímenes, los unos y los otros. Tal vez no quedarían muertos en la cunetas, Argentina no estaría juzgando a los torturadores del franquismo y no apareceríamos en el ranquin mundial como el segundo país con más desaparecidos después de Camboya –según Jueces para la Democracia-

Es una pena que siga habiendo dos Españas: la que se quedó agazapada esperando justicia, y la que ignoró las atrocidades para poder empezar de nuevo como si no hubiera pasado nada. Y después de cuarenta años, la nueva España democrática ha dado paso a más Españas olvidadas, que van dejando por el camino grupos excluidos que no merecen ser tenidos en cuenta. ¿Quién acabará siendo España de aquí a cuarenta años más? Tal vez haya una fotografía prototípica difusa entre perfil PP, PSOE del ciudadano español, otra para Catalunya –algún polluelo corrupto de Mas- y cualquier otro espécimen será catalogado como indeseable. Es una buena opción para acabar con el paro y disminuir el gasto público.

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