Del bien al mal: la decisión

La desazón de no poder articular si el mal se origina en nosotros o nos precede, evidencia el pánico que nos produce su autonomía respecto de nuestra voluntad. Admitir esta preexistencia del mal, nos llevaría a aseverar la posible presencia de otras entidades similares, como el bien. Y a la humanidad un campo de batalla donde se despliegan estos entes antagónicos, ante los cuales nada podemos hacer. Esta opción parece poco coherente con el análisis antropológico, del humano evolucionado como especie que posee una serie de capacidades, entre ellas la conciencia y la inteligencia, que le han permitido zafarse exclusivamente del determinismo biológico. Es la especie animal con posibilidades de ejercer la libertad, precisamente porque la genética implica una tendencia de comportamiento pero no una determinación Desde esta perspectiva el mal es una elección entre otras para la humanidad, cuyo despliegue conlleva consecuencias que en ocasiones no nos detenemos a analizar con rigurosidad. No somos marionetas en manos de fuerzas ocultas, y cuando actuamos así, es siempre bajo la decisión de hacerlo. El horror, el terror y aquello más despiadado que podamos pensar es siempre una posibilidad para los humanos, pero una posibilidad elegida, por eso sigue siendo posible no elegirla.

En síntesis, del hombre brotan diversidad de tendencias y pasiones que en sí mismas no tienen contenido moral. Su valoración axiológica dependerá de cómo afectan a la dignidad propia y ajena, porque si no la comunidad humana sería inviable.

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