Desiertos cotidianos

Hay días que engulle el calendario, sin que nadie se aperciba, que son desiertos agónicos difíciles de atravesar. Desprovistos de casi todo, con el único mandato anónimo de persistir, arrastramos las huellas que suponemos es el rastro de nuestros pies, que a su vez llevan adosado el cuerpo. Con esa confianza agotamos el día, ciegos de no ver, por si la jornada venidera posee una textura más suave.

 

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