Recuerdo y hechos

Los recuerdos no son imágenes fidedignas de lo acontecido, sino una amalgama de emociones que revisten los hechos, hasta producir imágenes que incluso nunca tuvieron lugar.

Pero qué es lo relevante para el sujeto ¿lo acontecido o el recuerdo que originó? De entrada, diríamos que lo que el individuo registró en su mente fue el impacto emocional que recibió ante lo vivido, por lo que esa representación simbólica expresa el dolor, el terror que se grabó para el resto de su existencia. Con esa carga, con ese mapa mental ha vivido y vive. ¿Puede el desvelamiento de que los hechos no fueron tal y como él los recuerda modificar el daño emocional y su modo de ver el mundo?

Difícil. Las heridas emocionales aunque cicatricen como las de la piel, están ahí. Tienen sus protuberancias, se resienten con el mal tiempo y estrechan el margen de padecer más dolor porque queda menos superficie donde rasgar.

El sujeto que las sufrió siente que alguien lo pudo haber protegido de esa confusión fatal. Alguien debió interponerse entre una mente desprotegida y un acontecimiento horripilante, en lugar de menospreciar la educación y el crecimiento emocional de los más débiles.

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