Incertidumbre

Hay zarzas revoltosas que aligeran nuestros pasos, así no siempre dilucidamos el camino. El azar sanea los gestos propios para poder tolerar   que no siempre sean lógicos los ajenos.

Y entre zancadas, saltos y pasos asumimos la incertidumbre, aquello que por no ser previsible, nos pareció no posible y ajustamos nuestras expectativas al amplio espectro de lo que pudiera ser, sepámoslo o no.

Así, nada nos deja atónitos ni por escaso, ni por voluptuoso, porque admitida la incapacidad de saber con certeza, al contrario de lo que algunos sostienen, se disuelve la angustia, se evapora la responsabilidad y vivimos espontáneamente.

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