Persistencia

Hay gestos casi destinados al fracaso que, no obstante, nos empecinamos en repetir, aunque pensemos que siempre será la última. Quizás porque ese margen de incertidumbre que nos otorga “el casi” se amplifica en nuestra mente, pasado el último revés, y necesitamos recuperar una brizna de esperanza para seguir llevando a cabo otros gestos obligados, que nada nos estimulan. Por eso, nos aferramos al gesto propio y genuino reiteradamente hasta que decaemos y volvemos a crecernos porque nadie puede garantizar que ese “casi” no nos llene a todos de perplejidad algún día.

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