El engaño navideño

Veo la silueta de un árbol navideño contorneado de luz; amanece y se desvelan las novedades del tiempo circular que transcurre, y de nuevo Navidad que ya se anuncia. Con ese tiempo navideño la paradójica tristeza que produce junto a esa supuesta alegría que se supone nos debería invadir. El error es creer que soy el único: no. Pasada la niñez y rota la magia de todo período humano, nos enfrentamos a la realidad estrictamente aséptica. Cierto es que el poso de la infancia, en que te hicieron creer que todo era posible en Navidad, genera una nostalgia depresiva que contrasta con los hechos, que por estar en la edad adulta pueden mostrar una realidad incluso más incómoda y dura de lo que nunca habíamos imaginado.

Así la distancia entre el ideal-mágico infantil y la realidad adulta, produce ese sabor amargo, triste que, a menudo, nos hace fingir ante los niños-¿deberíamos?- y desear con todas nuestras fuerzas que llegue la ansiada cuesta de enero.

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