La edad que no desgasta

Tejiste sueños inmutables que pusiste a resguardo en un rincón, y vas alimentando, a solas, mientras te hundes en el trasiego de la realidad, con música folclórica de aquellos años jóvenes.

Asimilaste aquel lema urdido en las postrimerías de los años idealistas, en que todo era posible, y con una persistencia y tozudez casi dogmáticas has ido trabajando como si desoyeras los gritos del mundo. No con indiferencia, lejos te hallas de ese estado moribundo, sino con la convicción firme de quien no ha osado cuestionar su eje de partida.

Y aunque parezca que vivamos tiempos distintos, me gusta contemplar esa ingenuidad pueril que te mantiene vivo; a tus 53 te delatan las canas y una esperanza poco habitual por la nitidez que transpira. Quizás nos encontramos en momentos coincidentes con perspectivas diversas, que no obstante nos permiten entender que cada uno sostiene las creencias que le hacen posible la vida, o que es capaz de asimilar como verosímiles.

Así que, sigue nutriéndote de lo que oxigena tu capacidad de esperar, que sea posible, lo que la imaginación “sueñe”, porque, al fin y al cabo, tu esfuerzo será el mismo y la realidad también, pero tu ser habrá vivido en la alegría -¿falsa?- de lo que debía acontecer.

No podemos elegir lo que creemos, siempre pensé que las convicciones están arraigadas en las emociones y la razón. Que cada uno indague lo que es capaz de creer y si puede ser feliz, que lo sea.

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