Año nuevo: fantasías viejas

Apetece dejar el año atrás y crear la fantasía de que algo nuevo empieza, curiosas artimañas mentales que, nos resistamos o no, suelen operar con fuerza y eficacia. Despiertas, abres los ojos, y un sentir aflora evocándote esa mirada fascinada de la infancia que, año tras año, recibía al nuevo, como si realmente lo fuera: desprovisto de cualquier lastre del pasado.

Y, aunque ese vapor casi onírico dure pocos minutos, nos asombramos de la persistencia y tozudez con que la esperanza se filtra por los poros obturados de la piel, como aquellos tímidos brotes que surgen entre las piedras, signo de que la vida no se ajusta a no-ser.

Somos como infantes ávidos de volver al útero materno, pero también figuras talladas por los hechos, con un sentido apropiado de lo interno y externo.

El dilema: dejarnos arrastrar plácidamente por los sueños o intentar sostener una existencia desnuda ajustada a ciertas certezas, relativas pero con algún fundamento.

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