Inocentes (28-XII-15)

El día de los Inocentes podría tener hoy, en pleno S.XXI, un significado acorde con las circunstancias, al lado de una triada de fiestas que han perdido su sentido originario, sin que este haya sido substituido por otro aceptable ni equivalente.

Sin embargo, el término inocente, más allá de conservarlo como sinónimo de ingenuo y llenar el día de bromas, más o menos pesadas, para reírnos con el otro o a costa del otro, podríamos huyendo de las frivolidades y superficialidades, que la sociedad neocapitalista necesita para perpetuarse, darle a la jornada dedicada a los Inocentes un sentido más genuino.

Inocente significa el que no puede dañar porque no está en su condición. Lo cual no implica que esta condición no sea mutable por el mal y pueda derivar en un individuo susceptible de culpa o nocivo. Pero, en principio la inocencia hace a los seres más vulnerables e injustos merecedores del mal que reciben, ya que ellos nunca han podido provocarlo. Si quisiéramos hoy dedicar el día a evocar a los inocentes de los “Herodes” contemporáneos no nos exigiría demasiado esfuerzo, porque todos tenemos en la mente bien frescas imágenes de niños sangrando en salvajes ataques de las guerras o por el terrorismo, niños ahogados en pateras y muchas otras personas que sin ser niños podríamos haber dicho, si las hubiéramos conocido, que eran inocentes.

Parece tremendamente veleidoso y fútil que la inocencia nos remita a la chanza, por cuanto, como antónimo de culpabilidad, debiéramos sentir cierto aguijoneo, aunque solo sea pasajero, por aquello de que las personas con cierta conciencia moral se cuestionan: ¿Seré yo uno de ellos?

Alguien pensará que no todo debe ser solemne en esta vida. Totalmente de acuerdo. Ayer por la noche vi una parodia que situaba a Artur Mas como Jesucristo Superestar y a sus acólitos como sus fervientes discípulos: Mas el Mesías. Algo irónico, que contiene una cierta verdad, con la que se puede bromear, sobre todo para provocar la vergüenza e incitar al decoro a quienes han perdido la dignidad por el camino.¡ Pero! No hablamos de inocentes, sino de individuos que con premeditación están evidenciando que buscan su provecho, no el del país que gobiernan como debería de ser, porque quieren ser mártires históricos, sea o no la vía que han elegido la mejor en el momento actual.

Así, la Inocencia incapacita para el mal, y aunque no sea virtud mientras sea incapacidad, sostengo que la inocencia es también la condición de personas capacitadas, por cuya opción son a su vez virtuosas.

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