¿Año más o año menos?

Ávidos de extinguir las horas del año, revoloteamos nerviosos como si la agitación operara como fuerza motriz avivando el tiempo. Y cumpliremos, en breve, con el ritual de las uvas y el champán al cambio de día y de año, para sentarnos a descansar.

¿Un año más? o ¿Un año menos? Parece obvio que deberíamos sumar uno, en cuanto nuestra edad ha aumentado, hemos incrementado la experiencia (ese cúmulo de vivencias mixtas), nuestro cabello refleja la luz con más claridad y el rostro tiene grabado el rastro de los días.

Aun así, aseverar que tras el ritual del viñedo hemos conseguido restar un año de lo que nos queda, no es simplemente una visión complementaria de la anterior, ante la que podamos asentir con indiferencia.

Entiendo que la perspectiva de la sustracción lleva tras de sí una concepción de la vida opuesta, y no complementaria, a la de la adición. Si un sujeto alega que vivir es ir eliminando años del horizonte, hay que suponer que su percepción de la vida es como mínimo la de un camino escarpado y lleno de obstáculos. De ahí, que su lógica de supervivencia y de evitar el sufrimiento le lleve a celebrar el hecho de que le quede un año menos de vida, no a celebrar que ha vivido un año y que tiene otro por delante.

Afirmar con alivio: uno menos, es expulsar en el mismo acto de respirar el lastre de des-vivir. No hay inspiración, sino un leve amago que no permite la muerte.

 

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