Los Magos: ritual de dominación

Me he levantado bien prontito, y ni siquiera carbón, no existo. Así es la mañana de reyes para muchos niños que sienten la indiferencia hasta de la magia. Su pecado la pobreza, que muchos padres intentan reparar revelando el secreto de la noche de reyes. Pero más que una reparación la verdad se convierte en una condena, porque si no hay magia, ¿quién los sacará de su penuria y su desgracia? El consuelo es casi un imposible en estas situaciones: si los reyes reparten ilusión, ¿por qué la indiferencia? ¿También depende del nivel económico que tienes?; si la noche de reyes es una fantasía, nunca se cumplirán sus demandas de trabajo para sus mayores, de tener luz en lugar de velas y si se puede, de paso, algún juguete.

Acaso deberían incrustarse en el alma de cada uno, los rostros hundidos de esos pequeños desolados que no entienden qué han hecho, pero arrastran una culpa que no les pertenece, cada mañana de reyes cuando la ausencia de los magos de oriente evidencia que no son dignos de presente alguno.

Los rituales orientados a perpetuar el sometimiento y la culpa de los más débiles solo pueden tener su origen en la voluntad de los que dominan.

 

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