El Mal: sustancia o accidente

Volviendo a la rutina normalizadora nos reencontramos, siendo, entre los retos diarios que nos van definiendo, como seres humanos con una sensibilidad moral oscilante entre la finura sedosa de la piel y la burda textura de la epidermis curtida.

Somos, como insistía Sartre, esa decisión que realizamos desde nuestra existencia para ir siendo, y por ello desde la libertad –más o menos condicionada- nos constituimos mediante nuestras opciones y acciones. Cualquier otra explicación es un intento de eludir la propia responsabilidad. Aquí, añadiríamos que la maldad del mundo no exonera de la propia culpa.

Si el mal se sustantiva, la lucha moral tiene sentido, porque alguien tendrá que batirse contra las fuerzas malignas. Si el mal se adjetiva, solo el propio sujeto tiene el poder de expulsarlo de su sustancialidad.

Así pues, sea ente o accidente el Mal exige la oposición tajante de individuos que con su virtud disuelvan toda vaguedad.

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