Neuronas rebeldes

Me altero y re-altero con cada neurona de tu sistema motor que siente impulsos y reacciona, porque se transforman en finísimas agujas que rozándome me llevan reiteradamente a ti. Y, aunque no parezca ortodoxo, me sublevo junto a lo más hondo de ti que -intuyo se da se da de puñetazos contra nada- conforma lo más tierno, inocente e infantil que todos conservamos. Una vez llorados, expulsada la rabia y desahogados de este designio, podemos sentarnos a descansar y acompañarnos.

Fui, circunstancialmente, tu profesora, además de Filosofía, ¿Sabes lo que he aprendido desde entonces? ¿Sabes que ambos podríamos enseñarnos mucho seguramente? Intuyo que tenemos lacras en común que nos atraen y nos repelen –polos del mismo signo-

Deshacerse de la desconfianza apropiadamente, del miedo, de la culpa que nunca nos ha correspondido, da vida y oxigena.

Por eso, acaso cuando se cruzan nuestras miradas –esa que siempre me ha parecido encantadora- me invada una cierta tristeza que te interroga, te reclama una respuesta que tal vez no sepas darme. Mientras, estaré aquí esperando sentir esos impulsos esperanzadores. Gracias y perdona mi transparencia, creo que hiciste bien en no estudiar filosofía. No lo hagas nunca.

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