Querer vivir

Hubo otros tiempos en los que elevarse por encima del mundo, abstraerse para no sentirse atrapado por el gemido intenso, que es su desarmonía cósmica, producía una reverberación edificante.

Los tiempos que vivimos han truncado la viabilidad no de los gestos, pero sí de su eficacia. Ya no descansa la distancia mental de las turbulencias cotidianas, porque ubicados en el abismo las respuestas han sucumbido como corruptibles.

Si la volatilidad del mundo ha mostrado que nada es, en un sentido substancial, nuestro empeño metafísico no es más que terapia de refuerzo, ávidos de querer necesitamos metabolizar lentamente que la voluntad erró en su objeto.

Nada hay, quizás, tras este fluctuar poco deseable; pero huir fantaseando idílicos parajes es pernicioso, porque llega el día en que los reyes magos se despojan de su capa. Más hábil sea quizás vivir con lo que hay, si se puede, sino nadie tiene compromisos metafísicos, tan solo lazos con aquellos que comparten su mismo rango.

No sé si son tiempos fáciles para vivir, lo que sí creo es que no lo son para querer vivir.

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