Autenticidad (agosto de 2011)

La vida se puede encarar con cierta dosis de cinismo que, para colmo del patetismo, puede resultar exitosa para el que lo practica. Tenemos ejemplos diversos en el ámbito que antes correspondía a la política y para lo cual deberíamos acuñar tal vez nuevos términos, por haberse quedado obsoletos los anteriores. Tal vez mercadolítica, finanzalítica, en definitiva cualquier término que se nos antoje significativo hoy en día. Pero el tema no es la no-política.

Mencionaba el cinismo como una actitud beneficiosa para vivir, y esto porque intuyo que para morir las actitudes favorables de la vida, no son del todo útiles. La muerte pasa factura por igual -fenómeno raro hoy- Jorge Manrique aseguraba en sus versos que la muerte iguala a ricos y a pobres, quizás porque sea el momento auténtico de la propia vida. Ante la muerte no sirven las alforjas que hemos cargado en vida; todo se transmuta en algo novedoso. De nada nos consuela ya lo que hemos conseguido parecer a los otros, porque en el lecho estamos solos con lo que verdaderamente somos, y esa autenticidad es la que nos vela las últimas horas de nuestro periplo. Cierto es que hay quien llega a su final con un grado de consciencia mayor que otros, y eso no es necesariamente mejor o peor. Hay quien merece vivir los últimos minutos lúcido, y hay quien tal vez agradezca la inconsciencia. Aunque este hecho final no dependa de ninguna meritocracia, pudiera ser que de algún modo, morimos como vivimos. Quien se esconde en la inconsciencia por incapacidad de soportar lo que verdaderamente es, muere turbado por ese engaño. Quien ha luchado y sufrido por ser quien es, muere, tal vez, consciente de a dónde ha llegado.

 En cualquier caso la muerte se convierte en nuestro auténtico tribunal interior, una juez amordazada o crítica según lo que hayamos buscado en vida. Por eso, la convicción socrática y platónica de que quien busca la autenticidad se prepara durante la vida para morir -y tal vez hallarla- se convierte al final de nuestros días en la última verdad, y tal vez la primera.

El hombre vive para enfrentarse a su ultimidad el día de su muerte, la vida no es más que el preámbulo temeroso del momento más auténtico del propio vivir.

 

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