El bebé en la mochila o “el complejo de Bescansa”

Estos últimos días, y a pesar de haberme pronunciado ya en un post anterior sobre el tema Bescansa, he leído alguna opinión que entiendo desarrolla, tal vez, con más claridad la propuesta de algún sector de la sociedad que catalogaría de aspiración infantil, ególatra y caprichosa. Y, me temo que no sea una consecuencia de ese proteccionismo educativo que intenta minimizar el esfuerzo, el sacrificio y mermar la falta de voluntad que tantas veces he denunciado.

La mencionada aspiración no es otra que la de simultanear la maternidad, desde el principio, con el trabajo, para criar al niño con apego, sin renunciar al derecho que la mujer tiene a desarrollar su carrera profesional en igualdad con los hombres. 

La cuestión tiene enjundia: ¿ cómo se puede criar a un bebé con apego si me paso siete u ocho horas al día con él, en el Trabajo, intentando que me deje asumir con dignidad las tareas que me corresponden? ¿No acabará esa situación siendo insostenible para una madre histérica con las demandas de una criatura cada vez más nerviosa y una trabajadora cada vez más inoperante? Deseo entender que quienes por algún momento han creído defender esta propuesta lo han hecho por un impulso nada meditado; porque no puede haber mayor atropello contra el derecho a la maternidad, el reconocimiento de su importancia y dignidad.

Vuelvo a insistir que la crianza con apego no es llevar al niño acuestas con la mochila haciendo lo que hacías antes de tener a la criatura, sino poner tu afecto y tu ser a disposición de ese hijo que has traído al mundo, en principio voluntariamente, y que tiene una serie de necesidades que nada tienen que ver con el mundo adulto, y a las que tú debes amoldarte.

Elegir es un acto de libertad que implica responsabilidad. No puedo ser madre reciente y trabajadora impecable. Es incompatible. Ser madre exige en sus inicios dedicación absoluta, o bien según la pareja la opción de cuidado puede ser tomada por el padre. No deseo entrar en esta tesitura. Pero en cualquier caso los padres son los cuidadores imprescindibles y obligados a renunciar a una época de su actividad laboral, porque el recién nacido no ha venido al mundo voluntariamente y una vez aquí posee sus derechos, que a mi parecer deben ser protegidos en primer lugar por los propios padres, no vulnerados por estos.

Reitero el empoderamiento de las mujeres de serlo. De poder gozar de una experiencia única como es la maternidad –negada a los hombres- haciendo de ello una riqueza en oposición a quien desea hacer de ello una carga pesada. Podemos y debemos ser personas que sean madres y profesionales realizadas, si conseguimos definir el papel que hoy debemos asumir en relación a la maternidad y a la paternidad, ya que es tal vez la función que nos diferencia por imperativos biológicos, sin que nuestros deseos, complejos o prejuicios recaigan nunca en los seres más desprotegidos que son nuestros hijos.

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