Cosificar

Lo degradante por excelencia de la vida se presenta tras haber cosificado todo -lo ajeno- ya que es de tal inmensidad la soledad que oscurece los días, que atenaza el miedo las entrañas y regurgitamos la vanidad y la petulancia hasta sentirnos huecos.

La consciencia de cosificar, continuamente, nos cosifica y humilla, porque solo entonces experimentamos lo que es ser despojados de nuestra humanidad.

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