Letanía interior

Todos susurramos una letanía interior que conforma nuestra percepción inmediata del yo y del mundo: las inercias y matices de este maléfico cántico surge de la experiencia más básica, y su maldad proviene de la dificultad que nos impone para cambiar el guion o el relato de nuestra vida. Creer que nunca podré…que nunca sabré…que nunca encontraré…que hay bondades que me han sido negadas, no son más que secuelas de esa letanía dominante que nos condena a la desesperación.

Ahora bien, también es cierto, que en ocasiones parece como si una fuerza ajena se hubiera propuesto ratificar los presagios más terribles de nuestra letanía interior. Y observamos como nota tras nota y letra tras letra, se van plasmando en hechos incontestables que nos dejan mudos.

En estos momentos de aturdimiento es cuando nuestra identidad vuelve a disociarse entre lo que fue y lo que es; totalizando, de forma errónea quizás, el ser como si solo hubiera habido un lugar y un tiempo: el de la letanía interior.

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